POLINESIOMANÍA BLOGGER: LA PLACA DE WETAR: EL PRIMER ARTE PORTÁTIL DE LOS NAVEGANTES AUSTRONESIOS EN EL OCEANO PACÍFICO.

 

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Sean bienvenidos, amantes de la historia y de la arqueología del océano Pacífico. En esta ocasión, vamos a hacer un estudio analítico sobre  el hallazgo  arqueológico en indonesia que revela el arte mueble ( portátil) de los austronesios. Una vez dicho esto, pónganse cómodos: empezamos, porque el saber es poder.  
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Durante mucho tiempo, los antropólogos, arqueólogos, lingüistas y últimamente genetistas  han estudiado las distintas etnias austronesias que habitan el océano pacifico. A través de la cerámica, herramientas y los retos de sus asentamientos, también, sobre todo los retos de sus propias embarcaciones, como hace no muchos años se descubrieron los restos de un catamarán en Autaroa ( Nueva zelanda) 
Hay que recordar que la expansión y colonización austronesia salió de Taiwán en torno al 6000 a. C., llegando a Indonesia en el 2000 a. C., pues en una isla de Indonesia, para ser más claros, en la isla de Wetar, como podemos ver en la figura 1, se ha hallado una representación artística. Dicha pieza ha sido encontrada por un equipo internacional liderado tanto por la Universidad Nacional de Australia como por la Agencia Nacional de Investigación de Indonesia. Y la cronología es de 4000 años de antigüedad, datada por radiocarbono , lo cual sugiere que la migración a Indonesia por parte de estos pueblos llegaría un poquito antes de lo que se pensaba. Y esta pieza se ha localizado en el abrigo rocoso de Huknaur. Como arqueólogos/as, nos tendremos que hacer la siguiente pregunta: ¿Qué representa la pieza? La pieza en sí representa un llamativo motivo rojizo formado por unos círculos concéntricos y un diseño de rayos solares. Lo más probable es que el arte viajará con los navegantes que llegaron a estas costas, ya que antes no se conocía un arte como este hasta el momento.
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¿Un símbolo usado para surcar el océano Pacífico? Cabe destacar que estos pueblos originarios de Taiwán protagonizaron una de las mayores expediciones y colonizaciones de la historia humana en el Pacífico, por lo cual deja evidentemente que fue explorado y colonizado muchísimo antes que la llegada de los europeos. Incluso llegando hasta lugares extremadamente lejos como Madagascar, Autaroa (lo que sería Nueva Zelanda), incluso llegando a Isla de Rapa Nui, Isla Grande o también denominada como el ombligo del mundo, incluso llegando a Hawái. Las embarcaciones polinesias, como podréis ver en el anexo de imágenes, tenían una capacidad para poder surcar grandes distancias más los conocimientos que ellos disponían. De lo que está claro es que este arte, bueno, este y cualquier otro tipo arte, ya de por sí tiene una simbología, al fin de cuentas viajaban con las personas para poder comunicar y transmitir su cultura a otras áreas del Pacífico. También, como señalan las investigaciones de O'Connor, añade que estos diseños también podían aparecer en embarcaciones y otros objetos donde probablemente actuaban como emblema de proyección o pertenencia grupal o étnica. Una cosa super apasionante es el hallazgo y su contexto, ya que apareció una placa que fue encontrada en una capa o en un estrato arqueológico datada de hace 4.090 años a 3900 años de antigüedad, anterior a la llegada de la cerámica aportada por los austronesios.

Citas: 
"Los símbolos portátiles podían viajar con las personas y podrían haber ayudado a comunicar identidades, afiliaciones y creencias compartidas entre comunidades insulares", como señala O'Connor. 
 la arqueóloga y autora del estudio Ceri Shipton señala: "La gente no solo llevaba tecnologías y posesiones cuando viajaba a nuevas islas. Llevaban ideas, identidades y nuevas formas de entender el mundo". 
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Conclusión: 
El hallazgo de la pequeña placa pintada de la isla de Wetar constituye una evidencia especialmente interesante para comprender la expansión austronesia y, sobre todo, para reflexionar sobre la manera en que la arqueología reconstruye los movimientos humanos del pasado. A primera vista puede parecer simplemente un pequeño objeto decorado con círculos concéntricos y motivos radiales de color rojizo, pero su contexto arqueológico, su cronología y, especialmente, su carácter portátil convierten esta pieza en una evidencia mucho más relevante. Su presencia en un estrato datado aproximadamente entre hace 4.090 y 3.900 años demuestra que determinados elementos simbólicos asociados a la tradición pictórica austronesia podían existir y circular independientemente de otros materiales que tradicionalmente han servido para identificar la presencia de estas poblaciones, como la cerámica Lápida o la obsidiana, entre otros materiales.
Durante mucho tiempo, la expansión austronesia ha sido estudiada principalmente a través de evidencias materiales como cerámicas, herramientas, cuentas( collares), asentamientos y tecnologías relacionadas con la navegación. Estos materiales son fundamentales para reconstruir las sociedades del pasado, pero también presentan una limitación evidente: una sociedad no está constituida únicamente por aquello que deja físicamente atrás. Las personas también se desplazan llevando consigo conocimientos, lenguas, creencias, prácticas sociales, representaciones simbólicas y formas de comprender el mundo. Muchos de estos elementos son mucho más difíciles de identificar arqueológicamente,por eso los lingüistas han participado hace tiempo en suestuido. Precisamente por ello, la placa de Wetar resulta tan interesante: permite observar que la movilidad cultural podría producirse también mediante símbolos e imágenes que acompañaban a las personas durante sus desplazamientos.
Sin embargo, considero necesario mantener cierta cautela ante la comparación de esta pieza con un supuesto pasaporte prehistórico. La expresión puede resultar atractiva desde el punto de vista divulgativo, pero un pasaporte es un concepto propio de sociedades modernas basado en Estados, fronteras, ciudadanía, identificación administrativa y sistemas burocráticos que no podemos trasladar automáticamente a las comunidades austronesias de hace cuatro milenios. No tenemos pruebas suficientes para afirmar que la placa funcionara como un documento de identificación ni que fuera presentada ante otras comunidades para acreditar el origen de quien la transportaba. Su función pudo estar relacionada con la identidad colectiva, las creencias, la protección, las prácticas rituales o la pertenencia a un determinado grupo, pero estas posibilidades deben permanecer abiertas mientras la evidencia arqueológica no permita concretar su significado.
Por ello, más que considerarla un «pasaporte», sería más adecuado entenderla como una manifestación de arte portátil ( mueble ) o como un posible soporte de determinados códigos simbólicos compartidos. La diferencia no es solamente terminológica, sino metodológica. La arqueología debe distinguir entre aquello que una evidencia permite demostrar y aquello que nosotros interpretamos a partir de ella. Una hipótesis sugerente puede ayudarnos a formular nuevas preguntas, pero no debe convertirse automáticamente en una certeza histórica. Precisamente ahí reside el interés de esta pieza: no porque sepamos exactamente para qué servía, sino porque demuestra que una tradición artística y simbólica podía desplazarse junto con las personas.
Este descubrimiento también permite cuestionar determinados enfoques tradicionales de la arqueología y de la historiografía. Durante mucho tiempo, buena parte de la historia mundial ha sido interpretada desde perspectivas centradas en Europa, el Mediterráneo y, posteriormente, el mundo occidental. Esto no significa que estudiar Europa o el Mediterráneo sea un problema; el problema aparece cuando sus experiencias históricas se convierten en modelos universales mediante los cuales se intenta explicar cualquier otra sociedad. Conceptos como Estado, frontera, ciudadanía, identidad nacional, colonización o incluso determinadas formas de entender la movilidad no necesariamente tuvieron el mismo significado en todas las sociedades ni en todos los períodos históricos.
La expansión austronesia demuestra precisamente que la historia de la movilidad humana puede construirse desde otras perspectivas. Los pueblos austronesios desarrollaron redes marítimas extraordinariamente extensas que conectaron numerosas islas del sudeste asiático y del Pacífico unos 42.000 km cuadrados aproximadamente. Sus desplazamientos alcanzaron territorios separados por miles de kilómetros, desde Madagascar hasta Hawái, Nueva Zelanda y Rapa Nui. Por tanto, el océano Pacífico no debe ser entendido simplemente como un espacio vacío o como una barrera que separaba poblaciones. Para las sociedades que lo navegaban, podía constituir precisamente una vía de comunicación, intercambio, movilidad y conexión cultural.
Esta cuestión resulta especialmente importante porque durante mucho tiempo las sociedades del Pacífico han sido presentadas desde posiciones periféricas dentro de determinadas narrativas históricas. Sin embargo, que una región se encuentre geográficamente alejada de Europa no significa que haya ocupado una posición secundaria dentro de su propia historia. Desde la perspectiva de las comunidades que habitaban y navegaban en estas islas, el Pacífico no era una periferia, sino un espacio social y cultural perfectamente articulado. La distancia geográfica respecto a Europa no debería confundirse con una supuesta falta de complejidad histórica.
En este sentido, también debemos ser cuidadosos con el lenguaje utilizado para describir la expansión austronesia. Conceptos como «expansión», «migración», «ocupación» o «colonización» pueden resultar útiles siempre que se utilicen de manera precisa y teniendo en cuenta el contexto histórico. No deberíamos proyectar automáticamente sobre sociedades prehistóricas las estructuras políticas, económicas e ideológicas de los procesos coloniales europeos de época moderna y contemporánea. Las comunidades austronesias desarrollaron sus propios procesos de movilidad, establecimiento, interacción y adaptación, y estos deben estudiarse dentro de sus propios contextos y no como una simple versión anterior de experiencias históricas occidentales.
La placa de Wetar permite además recuperar una dimensión de la movilidad que muchas veces permanece invisible en el registro arqueológico. Las personas no transportaban únicamente herramientas, alimentos o tecnologías relacionadas con la navegación. También podían llevar consigo historias, conocimientos, lenguas, creencias, símbolos y formas de representación e ideas. Cuando una comunidad se desplazaba hacia una nueva isla, no necesariamente comenzaba su historia cultural desde cero. Podía llevar consigo elementos que permitieran mantener vínculos con otras comunidades y transmitir determinadas tradiciones a través de enormes distancias oceánicas.
Esto resulta especialmente importante para comprender que la expansión austronesia no puede explicarse únicamente mediante ventajas tecnológicas. Las embarcaciones, los conocimientos náuticos y la capacidad de orientarse en el océano fueron indispensables, pero la tecnología por sí sola no explica toda la dimensión humana de estos desplazamientos. Detrás de cada viaje existieron personas con conocimientos, objetivos, relaciones sociales, creencias y formas particulares de interpretar el mundo. La movilidad humana no consiste únicamente en transportar objetos; también consiste en transportar ideas.
Por ello, el verdadero interés de la placa no reside necesariamente en demostrar que los austronesios poseían una especie de documento de identificación, sino en mostrar que determinadas expresiones simbólicas podían ser portátiles y acompañar a las personas durante sus desplazamientos. Esta evidencia amplía nuestra manera de entender la transmisión cultural y demuestra que las ideas también pueden dejar huellas arqueológicas. Una pequeña placa puede aportar información sobre procesos históricos mucho más amplios que el propio tamaño del objeto.
También debemos reconocer, sin embargo, los límites de la evidencia. No podemos determinar con absoluta seguridad qué significado tenían los círculos concéntricos y los motivos radiales representados en la placa. Tampoco podemos afirmar que todas las comunidades austronesias compartieran exactamente el mismo sistema simbólico ni que el motivo tuviera necesariamente una única función. Es posible que existieran diferentes interpretaciones dependiendo del grupo, del contexto y del momento. Precisamente por eso, la investigación arqueológica debe continuar comparando esta pieza con otros ejemplos de arte rupestre, objetos portátiles y representaciones asociadas a las sociedades austronesias.
La importancia de este hallazgo arqueológico  reside, por tanto, tanto en lo que nos permite conocer  como en las preguntas que todavía deja abiertas. ¿Qué significaba realmente este símbolo? ¿Quién lo realizó? ¿Para quién fue creado? ¿Fue fabricado específicamente para ser transportado? ¿Representaba una identidad colectiva, una creencia, una práctica ritual o algún tipo de relación social? ¿Existen otros objetos similares que todavía no hemos identificado? Estas preguntas son mucho más interesantes que intentar proporcionar una respuesta definitiva cuando la evidencia todavía no lo permite.
En definitiva, la placa pintada de Wetar nos obliga a ampliar nuestra mirada sobre la expansión austronesia. La arqueología no puede limitarse a seguir cerámicas, herramientas y asentamientos; también debe intentar rastrear aquellas dimensiones simbólicas que acompañaron a las personas durante sus desplazamientos. Al mismo tiempo, debemos evitar interpretar estas sociedades exclusivamente mediante categorías creadas a partir de experiencias europeas, mediterráneas u occidentales. No porque estas perspectivas carezcan de valor, sino porque ninguna sociedad debería convertirse en la medida universal de todas las demás.
La historia del Pacífico no comenzó con la llegada de los europeos, ni sus sociedades fueron simples poblaciones aisladas esperando ser incorporadas a una historia escrita desde Occidente. Mucho antes de la expansión europea, las comunidades austronesias habían desarrollado complejas redes de navegación, intercambio, movilidad y transmisión cultural. Las islas del Pacífico formaban parte de historias propias, construidas durante siglos y milenios por sus habitantes. Comprenderlas exige estudiarlas desde sus propios procesos históricos y no únicamente desde las categorías que posteriormente impusieron otras sociedades.
Por todo ello, quizá la mejor manera de interpretar esta pequeña placa no sea como un «pasaporte» en sentido literal, sino como la evidencia de algo mucho más profundo: una imagen que podía viajar con las personas. Y cuando una imagen viajaba, también viajaban con ella conocimientos, tradiciones, creencias, identidades y formas de comprender el mundo. La pieza de Wetar nos recuerda que la expansión humana nunca ha consistido únicamente en transportar objetos materiales. Las sociedades también han viajado llevando consigo aquello que no siempre puede tocarse, pero que permite a una comunidad reconocerse y mantener sus vínculos a través del espacio.
En última instancia, el valor de este descubrimiento está precisamente en obligarnos a mirar más allá del objeto. Una pequeña placa de piedra puede convertirse en una ventana hacia una historia oceánica de enorme escala y, al mismo tiempo, en una oportunidad para cuestionar nuestras propias categorías. Quizá esa sea una de las principales enseñanzas de la arqueología: no solamente reconstruir cómo vivieron las sociedades del pasado, sino también aprender a observarlas sin imponerles necesariamente las mismas fronteras, identidades y conceptos con los que nosotros interpretamos el presente.
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Espero que os haya gustado. Os deseo una feliz semana, unas felices vacaciones de verano y nos vemos en próximas publicaciones. Un saludo. 

Anexo de fotos:

Figura 1.








Título: Expansión autroneseia por el océano pacífico.

Figuras 2 y 3











Título: Figura suplementaria 2. Fragmentos de cerámica y piedra de moler de ocre de Huknaur. A corresponde a la capa 3, B a la capa 6, C a la capa 10 y D a la capa 11. Escala: 1 cm. Figura suplementaria 3 Tipos de cuentas de Huknaur. A: Espiras de cono; B: Discos de cono; C: Discos nacarados; D: Oliva; E: Vidrio. Escala: 1 cm.


Figura 4.










Título: Figura complementaria 4. Fotografías de la placa artística portátil de Wetar (parte posterior y parte frontal) que muestran los puntos seleccionados para el análisis pXRF.

Fuente Fotos:

Researchgate.net

O'Connor, S., Kealy, S., Kaharudin, HAF, Nutman, E., Wattimena, L., Adiyatma, ML, … Shipton, C. (2026). Una placa pintada de 4000 años de antigüedad del sureste de Indonesia revela que la tradición pictórica austronesia precedió a la cerámica neolítica. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America , 123 (34). doi:10.1073/pnas.2611580123

Material Empleado:

archaeology (29/08/2026)

nationalgeographic (29/08/2026)

RECOMENDACIONES DE REVISTAS, PERIÓDICOS, LIBROS Y ARTÍCULOS CIENTÍFICOS.

O'Connor, S., Kealy, S., Kaharudin, H. A. F., Nutman, E., Wattimena, L., Adiyatma, M. L., et al. (2026). 4000-year-old painted plaque from Southeast Indonesia reveals Austronesian Painting Tradition preceded Neolithic pottery. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), 123(34), e2611580123. DOI: 10.1073/pnas.2611580123.

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PNAS : https://www.pnas.org




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